
Cada vez que leo a Fabio Morábito, siento como si estuviera leyendo por primera vez, aunque haya leído muchos libros antes. Es reencontrarme con las palabras, con su peso, su magia y su capacidad de emocionar. Es ese tipo de literatura que te toma por sorpresa y te recuerda por qué amas leer.
La vida (o el destino, o mis propias elecciones) me regaló una racha de lecturas extraordinarias: Zambra, Halfon y ahora Morábito. Tres autores avasallantes, imposibles de ignorar, y entre ellos, este volumen de doce cuentos que comienza siempre con la misma frase; Una frase tomada de otro autor y convertida en el punto de partida para relatos enigmáticos, oscuros y profundamente solemnes.
Los cuentos de Morábito son breves, pero no necesitan más para impactar. Su capacidad de síntesis y su manejo del ritmo son magistrales, logrando que cada relato sea una experiencia única. Una premisa sencilla se despliega con una complejidad inesperada, envolviéndote en atmósferas cargadas de misterio y sutileza. Hay algo casi hipnótico en su prosa: una mezcla de precisión, elegancia y crudeza que convierte lo cotidiano en algo extraordinario.
Morábito no decepciona. Sus historias son como un rompecabezas emocional que te obliga a pensar, sentir y, sobre todo, admirar. La verdad es que podría llenar este texto de adjetivos y no encontraría uno negativo. Es un autor del carajo (disculpen el exabrupto, pero no hay otra forma de decirlo).
Si buscas cuentos que sean pequeños universos, cargados de simbolismo y emoción, este libro es el lugar perfecto para comenzar.
Jardín de noche
De Fabio Morábito
Cuentos, 126 páginas
Editado por Edhasa
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