«La familia tenía la creencia de que en cada generación nacía un varón que salía catrosho. El Chiche era el catrosho de su generación, pero seguramente algún día habría catroshos más jóvenes y también los habría habido más viejos, en Italia. Los catroshos por lo general no tenían hijos, y cuando eran los únicos herederos de una casa, con ellos solía extinguirse un apellido».

Reconozco que empecé a leer esta novela sin ninguna expectativa y sin ningún entusiasmo, pero a la tercera página ya estaba metido de lleno en la historia. Hay de todo: personajes entrañables, humor, emoción, tristeza; y lo mejor es que está escrita de manera sublime por Virginia Higa (@samuraivir). Y lo digo con sinceridad: hace bastante que no leía algo tan bien escrito. De hecho me emocionó tanto que cuando terminé de leer, se me piantó un lagrimón.


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