«Las bibliotecas no solo acumulan libros, modifican el modo de leer. Producen un efecto paradójico, que es típico de las grandes bibliotecas: siempre habrá un libro que no hemos leído, la contradicción entre el libro que estoy leyendo y todos los otros libros que están ahí disponibles y que nunca podremos llegar a leer».

Ya lo dije muchas veces: en ciertas ocasiones me resulta muy difícil elegir sólo un fragmento para ilustrar estas reseñas. Esa frase contundente, indispensable, certera e inteligente que contiene la esencia del libro —al menos para mí, que soy el que administra este espacio—. Y cuando se trata de los libros que ha escrito Piglia, ya sean sus novelas, sus ensayos, sus críticas o estas conversaciones, siempre me veo dando vueltas sobre esta misma cuestión.
Mucho se ha hablado sobre este escritor argentino, uno de los más importantes de finales del siglo XX y de comienzos del XXI, por lo que no voy a agregar nada nuevo. Simplemente puedo decir que es uno de los pocos que tienen un efecto muy profundo en mi relación con la lectura y con la literatura. Es como un enamoramiento, una entrega total hacia lo que ha escrito y enseñado.
No estoy hablando de fundamentalismos. Sobre algunos temas de los que se hablan en este libro en forma de conversación —un género al que no estoy muy acostumbrado—, tal vez me siento más cercano a opiniones o puntos de vista que otros autores han tenido al respecto. Pero hay algo en la forma de decir, de analizar, que inevitablemente hace que quiera saber más, aprender, seguir leyéndolo e investigando sobre sus modos de narrar y los de otros escritores que influyeron en él. Y también me provoca el deseo o la necesidad de escribir.
Cuando un libro me produce eso, es cuando siento que estoy frente a un verdadero libro vital.
La forma inicial. Conversaciones en Princeton.
De Ricardo Piglia
Publicado en 2015 por Eterna Cadencia
Edición a cargo de Arcadio Díaz Quiñones y Paul Firbas
Publicación digital en 2016
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