«Con el olfato despierto, la vista y el oído también se han despabilado: ve cosas que antes no veía, distingue sonidos como si los viera. Como si hubiese encontrado nuevas armas.
Algo se ha ajustado de adentro hacia afuera, desde el centro del soldado hacia lo que lo rodea. Lo de adentro se parece tanto a lo de afuera que el límite se borra. Esa línea entre ambos es el contorno mismo del soldado, que va siendo el bosque y la llanura y este pozo negro como una boca llena de hambre».

Misteriosos e introspectivos, pero a la vez pacíficos y armoniosos, los cuentos de “Los árboles caídos también son el bosque” nos invitan a un viaje sensorial lleno de imágenes, reflexiones y un sabor a nostalgia que enamora. .
No alcanza solo con la vista para leer este libro. Hacen falta los cinco sentidos y el corazón, porque es un despertar hacia el amor, la vida y la sabiduría. Así, te das cuenta de que ya no solo sos parte del lugar donde estás leyendo, sino que estás en todos lados, te haces uno con el libro, con los cuentos, con las palabras. Son cuentos tan profundos y oscuros que iluminan. .
Las distancias, el silencio, las sombras, la oscuridad, las formas circulares, el pasado, la familia, las relaciones. Todo narrado con precisión, como si una fuerza anclara las palabras a una oración específica, dotándolas de una melodiosa austeridad. Como si fuera la última vez que se narra, pero a la vez todo pudiera volver a comenzar.
Los árboles caídos también son el bosque
De Alejandra Kamiya
Publicado en 2015 por Editorial Bajo la Luna
125 páginas .
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