«En la habitación todo estaba tan silencioso e inmóvil que pareció un hecho desmesurado lo que acaeció inesperadamente, y sin embargo no fue nada. De pronto, sin moverse lo más mínimo, aquella muchacha abrió los ojos. Hervé Joncour no dejó de hablar, pero bajó la mirada instintivamente hacia ella y lo que vio, sin dejar de hablar, fue que aquellos ojos no tenían sesgo oriental, y que se hallaban dirigidos, con una intensidad desconcertante, hacia él: como si desde el inicio no hubieran hecho otra cosa, por debajo de los párpados».

Según el propio Alessandro Baricco, “Seda” no es un cuento ni una novela, ni tampoco una simple historia de amor: es mucho más que todo eso.
En una breve charla digital con mi dealer de libros, le comenté que nunca había leído nada de Baricco. No recuerdo los detalles del por qué, pero no importan. Recibí su recomendación, un poco titubeante. Fue un aceptar dudoso, sin convicción. Él sabrá, pensé. A los pocos días, comencé el viaje. Me abandoné a la lectura. No me pude despegar del libro, lo leí en un par de horas. Me atrapó tanto que no me di cuenta del tiempo transcurrido ni de los hechos que acontecían a mi alrededor. Por momentos me sentía Hervé Joncour atravesando las distancias infinitas hasta llegar al lejano Japón, tan enigmático y sutil. Volví.
Me pregunto de quién es realmente la historia de amor: ¿de Hervé Joncour o de su esposa? ¿Qué enigma se esconde detrás de esos ojos occidentales encontrados en oriente? Y por último: ¿es necesario que me haga tantas preguntas? Porque mas que una lectura, “Seda” fue una meditación.
Título original: Seta.
Primera edición en italiano publicada en 1996.
Traducida al español por Xavier González Rovira y Carlos Gumper
Publicada en 1997 por @anagramaeditor
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